sábado, 3 de mayo de 2014

Trastorno bipolar: el demonio exorcizable.

El trastorno bipolar, es un enigma para la ciencia. Las personas que lo padecen presentan dos etapas psíquicas; depresión severa y prolongada (meses), seguida por un periodo corto (semanas)de ideas exaltadas, y fuera de la realidad. Haciendo un símil; imaginemos un automóvil transitando por una supercarretera; en la etapa depresiva el auto va mucho más lento que los demás, y en otra etapa va súper acelerado. Hay casos donde ambos ciclos anímicos, alternan en periodos de tiempo; mucho más cortos, pasando de depresión al “acelere” mental en cuestion de días o semanas (cicladores rápidos).





El problema principal de este trastorno, es la falta de un diagnóstico oportuno. La mayoría de quienes lo padecen: no lo saben. Peor aún, muchos profesionales de la psiquiatría, tardan demasiado en dar el diagnóstico, o de plano, no lo sospechan. Aunque a nadie le gusta saber que se “es bipolar”; estar consciente de ello, ahorra un interminable camino de sufrimiento: propio y ajeno. Y lo más impactante, este padecimiento se controla con medicamentos, como; el Litio…entre otras medidas.

La depresión del trastorno bipolar, es un sufrimiento y dolor, con origen en la química del cerebro, y no en el alma. No importa si se tuvo una infancia feliz o trágica, matrimonio ideal o nefasto, esta depresión es un asunto: biológico. Si el doblemente infeliz paciente, consulta a un médico de imaginación desbordada, adicto al psicoanálisis clásico, encontrará explicaciones fantasiosas de su problema; en su pasado. Peor aún; los culpables serán los padres, o una infortunada pareja. El caso es que el dolor: empeora.

El periodo de “acelere” es de dos tipos; se pierde contacto con la realidad (manía), o simplemente las ideas van tan rápido, que el paciente está muy “creativo”, lleno de ideas “grandiosas”, y una energía inagotable (hipomanía).

Peor aún es el trastorno bipolar para las mujeres, que además de estar subidas en este tobogán emocional, tienen la influencia cíclica de las hormonas.

Lo más desconcertante de este padecimiento; es que puede haber períodos de meses o años, en que la persona vive sin síntomas importantes. Para quién se relaciona con estas personas, le parece que simplemente, tiene varias personalidades.

En este contexto mental, hay un fenómeno especialmente desconcertante, fuente de los mayores problemas: la pérdida transitoria y cíclica de la biblioteca moral.

Para explicarnos este último concepto, pensemos: en forma; continua, inconsciente y automática, todos recurrimos a la biblioteca moral. Este acervo y guía del comportamiento personal, radica en el cerebro. Se va formando, a través de los años, de varias maneras: la experiencia de lo bueno y malo, aprendiendo las normas correctas mediante la moral, y... la experiencia espiritual.

Las normas morales las aprendemos en; la religión, códigos escolares, pero sobre todo por experiencia de vida familiar. Es una forma de inteligencia emocional/social, con énfasis en las reglas universales, de sana convivencia humana.

Hay otra fuente natural, que nutre la biblioteca moral; la experiencia del alma. Todos experimentamos momentos, en que nos alimentamos de el “agua que sacia la sed” que por supuesto se refiere: a la energía espiritual. En el común de los humanos, esta comunicación es momentánea, pero su enseñanza se “imprime” en la biblioteca moral personal.

Esta energía del alma la concientizamos de diversas maneras: Tener contacto con un gran santo, gurú, rabí, etc. Contemplar un glorioso atardecer, admirando la fuerza y arte, que el cielo despliega… nubes que cambian de colores desde el amarillo claro, al rosa, hasta llegar a un púrpura obscuro, mientras el poderoso sol se pierde en el horizonte, dejándonos ver las estrellas. La imagen de seres como; Teresa de Calcuta, cargando amorosamente, a un niño miserable y desnutrido. En la oración, meditación, o al ejercer el amor.

En estos casos nuestro cerebro actúa como un almacén inagotable de recuerdos, y energías, que nos van formando a través de los años. De esta y otras maneras la biblioteca moral, se va nutriendo y formando.

El humano de mente sana tiene acceso continuo, a esta parte del cerebro. Las personas con algún trastorno; como la bipolaridad: no siempre. La desarmonía en la fisiología cerebral, bloquea pro largos períodos el acceso de la conciencia, a este indispensable recurso psíquico.

Por ello; la persona durante el acceso bipolar: comete actos fuera de toda lógica, o peor aún, de la moral. Es el caso del “acelere” en la mujer, que entra en un período ninfomaníaco, o el hombre que vende; casa y bienes (propios y ajenos), para comprarse un auto de lujo, o iniciar ese “gran negocio” que… “esta vez sí va a resultar”. Para quienes sufren un prolongado periodo depresivo hay el caso de quienes llegan al penoso extremo: de considerar el suicidio.

Un aspecto, especialmente patético de la pérdida temporal de esta biblioteca moral, es que al transitar por un periodo “normal” (autoconciencia), viene un dolor más; el inútil arrepentimiento de los actos cometidos. Digo inútil porque; hasta que los bipolares, conocen su problema, y se someten a un tratamiento adecuado, seguirán viviendo eternamente, en esta dolorosa espiral, de emociones y actos dañinos. Debo aclarar que: muchas personas con trastorno bipolar, no cometen actos dañinos o inmorales, pero si sufren de depresión-acelere mental.

Otra consecuencia más; aparece el demonio: “culpable” de todo. La persona con trastorno bipolar, no es consciente de la causa de sus actos. No ha entendido que su acceso a la biblioteca moral ha sido bloqueado, y sus acciones son de motu propio. Entonces: busca la razón de sus actos; y la encuentra en… ¡otra persona! Generalmente es la más cercana emocionalmente. Así, el esposo, amante o enamorado, es satanizado. La tragedia se expande.

En el caso de la mujer ninfomaníaca, sea que tenga relación sexual, con varios hombres, o uno solo, encuentra… un demonio ¡causante de todo! Ese hombre será, odiado, calumniado, perseguido atacado. Baste recordar el personaje de la película atracción fatal, para poner este ejemplo en contexto.

En el modelo del hombre bipolar; que inicia “el gran negocio”, que generalmente terminará en fracaso. Habrá entonces: culpables y víctimas. La esposa que vendió la casa, y otorgó la firma del préstamo, experimentará que sus bienes y matrimonio se van al barranco. Además será ella culpable “por no apoyarlo”. El amigo o familiar que entró de socio, perderá todo, y además será odiado, y "responsable del fracaso".

Es de los fenómenos más impresionantes de la medicina, que las personas bipolares al recibir el tratamiento farmacológico adecuado, reviertan sus principales síntomas, y tengan un mejor acceso a su biblioteca moral. Una prueba inequívoca de que este mal reside en el cerebro.

Así como el químico adecuado da una mejoría incuestionable, la substancia equivocada empeora la situación ad infinitum. Es el caso del alcohol en el enfermo bipolar, donde el escaso control voluntario se pierde, y se manifiesta la personalidad: más primitiva e instintiva del humano. El escaso control de la parte racional se esfuma. Es el mismo caso de las otras drogas ilícitas, especialmente los estimulantes; anfetaminas, cocaína, cristal y demás venenos.

De igual manera la energía espiritual, mejora muchísimo la vida de la persona bipolar. No substituye al tratamiento médico, pero lo facilita enormemente. Re grabar en nuestro cerebro, una experiencia espiritual, la hace más presente. Para muchos, el almacén de esta energía, es como las baterías recargables, después de un tiempo de uso se agotan. Por ello hay que desarrollar una disciplina para buscar esa fuente… hay que hacer caso a teresa de Ávila y buscar a “nuestro mejor amigo”.


Dr. Guillermo van Wielink



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